¿Tengo miedo al éxito?

Hay momentos en la vida, en que nos paramos a reflexionar y nos conectamos conscientemente con lo que estamos o no generando. Pasa que las personas muchas veces sentimos que no estamos logrando llegar a la meta, al sueño, al objetivo que queremos alcanzar, ese en el que pensamos cuando estamos inspiradxs, el que visualizamos como eso que nos resulta atractivo, pero a la vez a veces tan lejano. Cuando pensamos en lo lejos que estamos de lograrlo, surgen varios pensamientos como; “¿por qué no estoy donde quiero estar?”, “¿por qué no estoy manifestando lo que deseo?”, “¿por qué no puedo alcanzar mis objetivos?”, “¿por qué no logro avanzar si supuestamente es lo que quiero?”. Es aquí donde nuestra mente infinitamente dispersa, racional y automatizada, nos lleva a responder o justificar con posibles porqués. “No le he dedicado tanto tiempo”, “no es el momento”, “no me convence del todo”, “no me gusta tanto”, “no me apasiona”, “no estoy segurx”, “no sé si es lo correcto”, “no es para mí”, “no va a resultar”, “no sé si tengo la capacidad de hacerlo”, “no sé si lo merezco”, “no sé si soy suficiente”, “me falta preparación” etc, etc.

¿Cuál de todas esas es la verdadera razón de por qué no estás alcanzando lo que quieres?

Yo no puedo responder en general, pero te quiero hablar del llamado síndrome del impostor, que me ha tocado ver directamente tantas veces, y que yo misma experimenté. Yo lo entiendo, como un cuadro psicológico que surge desde emociones de inseguridad, desde las creencias limitantes acerca de ti mismx, que dificultan tu posibilidad de verte fluyendo o experimentando eso que deseas, básicamente, porque el miedo al éxito te tiene atrapadx, porque aún no confías en ti, en tu capacidad y merecimiento.

He observado que este cuadro se da generalmente en personas capacitadas, desarrolladas en su forma de hacer (y no necesariamente de SER), competentes, pero que tienden a sub-valorarse. Noto una correlación muy importante con la autoexigencia, lugar desde el cual “siempre falta algo”, “nunca es suficiente”, “nunca ME SIENTO suficiente” (porque no me conecto con mi valor y suficiencia). Y desde ahí, desde el esfuerzo incesante de ir más allá, de conseguir más, de buscar y sobre analizar todo tanto, es que efectivamente, “nunca es el momento”, y todas las quintas patas del gato que se te puedan ocurrir. Lo que yo aprendí, es que hay un sobre esfuerzo donde no es.

¿Te das cuenta de qué es este síndrome?

Básicamente es un autoboicot. ¡¡¡¡SI!!! Absolutamente eso, porque todas esas creencias que pueden justificar el que no estés donde quieres estar exactamente ahora o en tierra derecha caminando hacia allá, son excusas; excusas que te mantienen en tu zona segura, en tu zona protegida, lejos del peligro de exponerte, de fallar, de equivocarte, de descubrirte o ser descubierto por otros como un fraude, es miedo a una profecía autocumplida de “soy un impostor” o “soy insuficiente” para lograr lo que quiero.

A veces también se combinan con pensamientos de escasez, desde los cuales vemos la oportunidad como riesgo, pero ese es otro cuento. 

Discúlpame si es que desde tu posición tu racionalidad me estás juzgando como ¿“qué sabe ella de mi situación particular”? o “yo no soy ningún fraude”. Te entiendo, sé que todo esto puede sonar amenazante si no has elegido verlo desde esta perspectiva, pero en el fondo, también intuyes que tengo un punto. Es fuerte cuando nos damos cuenta que no creemos tanto en nosotrxs como decimos, o cuando notamos que nos autoengañamos con nuestras represiones o mandatos, pero déjame decirte que cuando lo vemos con claridad, reconocemos este miedo al éxito, y estamos dispuestxs a enfrentarlo, pues todo va mejor, muchísimo mejor. ¿Seguimos?

Desde el punto donde estamos, ¡wow! surgen muchas derivaciones posibles por las que llevar este tema, ya sea al analizar el comportamiento o las dinámicas relacionales, dependiendo del contexto de la que estemos hablando, ya que, esto aplica para cualquier sueño o deseo que tengamos en la vida (proyectos, trabajos, parejas, amistades, viajes, familia, etc.), sin embargo, es el componente socioafectivo el que nos ha llevado a este punto en el que no estamos teniendo éxito. Claro.

Quiero traer presente tres mecanismos de defensa que me parecen muy evidentes en este síndrome, aparte de la represión, y quiero hablarte de eso, porque esos mecanismos son patrones de autoprotección. Todos los mecanismos de defensa tienen la función de fragmentar la percepción que tenemos de nuestra vida o de nosotros mismos y así adaptarnos con menor sufrimiento, o mayor eficacia (si son de buen nivel). Son normales en el funcionamiento psicológico, pero conocerlos y hacernos conscientes de ellos, nos ayudará cuando realmente queramos llevarnos a un punto B en la vida. Si los identificas, tendrás más claridad, y eso te ayudará a hacerte más consciente de las situaciones y modificar tus patrones de comportamiento.  Uno es la racionalización, otro es la evasión, y otro es la proyección. 

La racionalización es el mecanismo que nos permite explicarnos todo a través de nuestra cognición. Estas explicaciones pueden o no ser lógicas, son justificaciones, interpretaciones que hacemos de los eventos o situaciones, que intentan mostrar una coherencia de lo que ha sucedido, o de lo que sentimos -de cierta manera- como amenazante. Surgen desde creencias que tenemos acerca del mundo o de nosotros mismxs. Racionalizar no es bueno ni malo, es un mecanismo de defensa habitual en los seres humanos, sin embargo, está bueno darnos cuenta de cuándo estamos abusando de él, ya que muchas veces nos enredamos en pensamientos infinitos, siendo una forma de negación, que a través de la lógica nos mantiene alejados de la frustración u otras emociones conflictivas que sentimos, por no lograr lo que anhelamos o queremos de corazón. No obstante, pese a esta “benévola posibilidad” racional, hay situaciones o eventos, que por mucho que racionalicemos, tenemos que sentirlas y procesarlas de otra manera para lograr avanzar. ¿Te suena mente vs cuerpo?, Bueno, aquí el desafío es integrar las emociones -que habitan en nuestro cuerpo físico- en nuestras cogniciones. Es poner nuestra racionalidad al servicio de nuestras necesidades emocionales.

La evasión como mecanismo, nos lleva a escapar de nuestras experiencias psíquicas, nos dirige a estar “hacia afuera”, haciendo y haciendo sin parar, con la agenda a full, justificando todo en “no tengo tiempo”, invirtiendo energía en relaciones o actividades superficiales o “vacías”, desviando la atención de lo que queremos realmente, y que en este punto ya sabemos que es por miedo. Aquí, hay además un punto intermedio. La evasión son todas las formas de alejamiento o huida; es un mecanismo que te permite mantenerte no conectadx; es literalmente como una anestesia, que se siente casi bien, excepto porque sientes una especie de vacío. Y sí, es un vacío, porque al no conectar con tu deseo, con “tu llamado”, con tus emociones, te estás postergando y abandonando emocionalmente (estás re-editando una herida), y ¿cómo no sentir eso como algo doloroso? 

Lo que más nos mueve a los seres humanos es evitar el dolor, entonces es un círculo vicioso. Pero déjame decirte que acumular estas desconexiones en tu vida, solo te va a llevar a tener cada vez más miedo y sentir más dolor, porque se va haciendo cada vez más grande e “intimidante” eso que estás evitando. ¿Ves cuál es el problema de este mecanismo? Que dilata, que no es una lucha franca, que no estás enfrentando lo necesario para ir por lo que quieres, que no estás valorando lo que sientes, que no estás creyendo en ti y poniendo energía en lo que requieres desbloquear para vivenciarte como realmente te mereces. Porque sí; mereces lo que sueñas y tienes todo para lograrlo; solo no has elegido creerlo.

La proyección también es un mecanismo de los más habituales, en palabras simples, es cuando vemos en otrxs ciertas características, atributos, motivos o pensamientos, que se refieren a nosotrxs mismos. En general lo que proyectamos son impulsos amenazadores para el “yo” y que vemos en otrxs, en vez de reconocerlos en nosotrxs. En palabras simples, el otrx es la pantalla que nos muestra eso que no acepto de mí. 

¿Por qué traigo presente la proyección cuando hablamos del síndrome del impostor? 

Porque pasa muchas veces, que proyectamos estas negaciones -inconscientes- de nosotrxs mismos en situaciones o personas, distorsionando la realidad y nuevamente, alejándonos de lo que queremos. Por ejemplo: “es un momento inestable para tomar decisiones”. ¿Será que estás proyectando esa inestabilidad tuya en “el momento?; “No me ve como una opción válida”, ¿Será que tú no te ves como una opción válida? Recuerda que el tiempo también lo inventamos los seres humanos. El éxito no tiene nada que ver con el momento, tiene que ver con la persona, con su intención, con su energía, con su confianza.

No es que al proyectar nada de lo que vemos afuera sea real, es que lo agrandamos, lo exageramos, lo distorsionamos inconscientemente, atribuyendo a otro algo de lo que hay en mí, como un modo de “deshacernos de esa energía” porque rechazamos esos aspectos en nosotrxs mismxs (y así nos protegemos del dolor, nuevamente)

Como hemos ido viendo, nuestra psicología no siempre nos ayuda cuando queremos dar pasos en nuestra vida. Nuestra historia nos ha determinado hasta este punto, a actuar desde escenarios conocidos y protegernos de toda situación que nos aleje de la posibilidad de morir. Aunque esto parece una exageración, cuando hablamos de cumplir un objetivo, en concreto, es lo que nuestro cerebro primitivo nos está llevando a hacer cuando nos mantiene aferrados a patrones conocidos, cuando nos enfrentamos a emociones a las que hemos estado antes expuestxs. Lo que ha pasado es que hemos juzgado esas situaciones y básicamente se han convertido hoy en nuestro repertorio (cárcel) comportamental. Son justamente estos mecanismos los que nos mantienen alejados de las emociones, no pudiendo captar sus mensajes de manera correcta, evitando gestionar su energía en coherencia con nuestro ser auténtico. Seguimos guiadxs por mandatos sociales, culturales y familiares, desconectadxs de quienes somos realmente, y de lo que queremos manifestar desde nuestra autenticidad.

Salir de estos mandatos, patrones, pensamientos automáticos, etc, no es fácil, pero es posible. Requiere tu voluntad y tu compromiso contigo mismx, con tus sueños y anhelos. Requiere elegir el camino de la valentía, el camino de elegirTE y priorizarTE.

Elegirte es el camino del amor propio, del amor consciente, de comprometerte contigo, con tu palabra, con tus sueños, con tus pasiones. Requiere reestablecer confianzas perdidas contigo mismx, recuperar tu honor. Requiere conectar con tu coherencia, con tu merecimiento, requiere honrar tu existencia. Requiere atreverte a ir más allá de ti mismx, requiere desafiarte a experimentar lo inexperimentado, requiere elegir ser parte del todo, atreverte a fundirte con el océano de posibilidades, requiere sentar al miedo en el asiento de atrás y emprender el viaje junto a él. 

Agradece al miedo por haberte protegido todo este tiempo, respira profundo y siéntete merecedorx de todo lo que anhelas. Porque si hay algo que realmente deseas en tu vida, te prometo que es para ti y puedes manifestarlo. No eres un impostor, no actúes más como unx.

Sugiero que, si es que esto te hace sentido y te sientes dispuestx a dar el próximo paso hacia lo que deseas, pidas apoyo, elige una nueva forma de hacer las cosas. Para sentirnos parte del todo requerimos conectarnos, comunicarnos, reconocernos, apoyarnos con otrx significativxs y sobre todo, abrirnos a la posibilidad de dejar de repetir y abrirnos a nuevas posibilidades. Yo estoy aquí para apoyarte si lo eliges.

Con amor

Fran Milos

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba
Abrir el chat