Creencias que afectan la toma de decisiones

A cada momento tomamos decisiones, desde elecciones simples como elegir qué desayunaremos, hasta en qué invertiremos nuestro dinero, con quien nos asociaremos, qué proveedor de productos elegiremos, con quien compartiremos nuestro tiempo, o tantas otras. Algunas personas, tienen facilidad para decidir, lo hacen casi instantáneamente. Otras en cambio, requieren mucho tiempo para hacerlo, y aún cuando se tomen todo ese tiempo, luego continúan “repasando” si la decisión fue la correcta o no.

En mi experiencia, he notado que, muchos líderes tienen dificultad a la hora de tomar decisiones. Analicemos dos tipos de situaciones.

A veces estas decisiones no son solo su “resorte” (me refiero a que son decisiones que se toman en conjunto con otros). He visto que, algunos tienen dificultad para enunciar o comunicar lo que están pensando, o que frente a la primera refutación desertan de su posición, o al menos eso demuestran al callar y no continuar con su argumento.

Si es que pudiéramos escuchar el diálogo interno de estas personas -entendiendo diálogo interno como el espacio de conversación interior que tenemos con nosotros mismos- escucharíamos frases como “¿y si lo que estoy pensando no es importante?”, “¿estará bien lo que estoy pensando?”, “¿y si a mi idea le falta algo”, “será adecuado” ?, etc.

¿Cuál es el problema de este diálogo interno? Todas estas preguntas, son un auto cuestionamiento sobre la capacidad de poder entregar algo “suficientemente bueno”, desde el juicio de alguien más. ¿Puedes notar el patrón?

Si existe ese auto cuestionamiento, podemos inferir que en esta persona existe alguna creencia (consciente o inconsciente) sobre su capacidad para pensar correctamente. Y desde ahí, tomar una decisión va a ser complejo, ya que; si tu decisión contiene dudas y cuestionamientos acerca de tu capacidad, la inseguridad va a estar presente en cada paso, y lamentablemente, el camino será lento y torturador. A la vez, cualquier contra argumento que otro exponga, agravará tu cuestionamiento, ya que, por naturaleza los seres humanos activamos nuestro modo “sobrevivencia” cuando nos sentimos expuestos a lo que más nos da miedo. En sobrevivencia lo normal es “lucha o huída” y lo que más he observado aquí es “huída”, representada como una inhibición. Hablaremos más del miedo en otro artículo.

La segunda situación que he observado, es cuando una persona debe tomar una decisión en forma personal y autónoma. He sido testigo de cómo estas decisiones, literalmente los paralizan, nublando su racionalidad y su capacidad de responder con una decisión en forma oportuna.

¿Qué notamos aquí?

Algo similar a la situación anterior. La persona a veces se autoflagela con frases como “no puedo”, “no soy capaz”, “no sé hacerlo”, “soy un fiasco”, “soy un fraude”, “soy un desastre”. Pero ¿Por qué expresa todo eso? Porque en el fondo lo cree. Nuevamente, creencias sobre lo “nefasto que la persona es” o sobre “su incapacidad”, la llevan a conectarse con un miedo irracional, un miedo a ser juzgado o juzgada por otros negativamente o nuevamente, por un miedo a “fallar”. Es por esto que, esta persona en ocasiones requiere de la opinión de otros, ya sea directamente o a través de la consulta de alguna fuente, que le permita convencerse de algo. Busca la respuesta afuera, a veces incansablemente, desconfiando absolutamente de su capacidad de deliberar correctamente, por miedo a equivocarse, o por miedo a ser juzgado como incompetente. Fuerte.

Creencias que existen en nosotros desde momentos que quizás apenas recordamos, han determinado nuestra manera de ser y hacer en el mundo y por lo tanto también han determinado nuestra vida. Ahora, es bien sabido que, no tenemos por qué vivir desde donde ya no nos hace sentido, o peor aún, desde donde sufrimos. Podemos reprogramar nuestra mente y vivir una vida libre, fluida y sobre todo en paz con nosotros mismos.

¿Dónde está la posibilidad? En encontrarnos con nuestros puntos de inflexión, analizar, comprender y decidir los pasos para vivir con libertad y seguridad.

Déjame decirte que no existe tal cosa como fallar, cada experiencia es un aprendizaje, y cada error es una posibilidad. El auto cuestionamiento socava tu autoestima y alimenta tu inseguridad. He visto a muchos recorrer un camino de reprogramación de creencias y renacer en un nuevo espacio, una nueva impronta, una nueva perspectiva. Tomar decisiones oportunas y asertivas, solo depende de ti, y la primera podría ser; decidir liberarte del autoboicot.

Un tip: elige una conducta coherente con lo que quieres ser y repítela voluntariamente, reconócete y celébralo cada vez. Tu experiencia instalará nuevas creencias en ti, seguro ya lo has experimentado más de una vez.

Otro tip que me encanta para la toma de decisiones que implican emociones intensas, es decidir antes de tener que decidir. Es decir, anteponte a la situación y decide racionalmente lo que te haga sentido. Luego, cuando estés inmers@ en la emoción, será más fácil ejecutar lo que ya decidiste.

Por último, esto me resulta muy útil; cuando estoy entre dos decisiones (A y B) y no sé cuál elegir. Haz el experimento de probar cómo se siente cada decisión. Por ejemplo, inclínate a vivenciar, cómo es haber decidido por A durante algunas horas, y nota cómo te sientes al respecto. Conéctate, reflexiona, y luego pruebas lo mismo con la alternativa B. Haciendo esto será mucho más fácil tomar la decisión.

Cuéntame en los comentarios si alguna vez te has descubierto auto saboteándote o teniendo dificultades para decidir.

Abrazos

Fran Milos

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba
Abrir el chat