Conservas emocionales

El primer día en que felizmente me subí a mi bici, después de 50 días encerrada por la cuarentena del corona virus. Pensé en menos de un minuto; cómo, habiendo tenido tan cercana la posibilidad de sentir tanto bienestar, no la tomé antes. Es que hace unas pocas horas, sentía aburrimiento y una absoluta desidia. Quería sentirme libre, así que no lleve casco mi mochila, sólo mis llaves, unos pañuelos y algo para humectar mis labios. En una buena “bajada” antes de llegar al cordón sanitario, sentí la velocidad, la libertad de sentir la gravedad sobre esas ruedas y el viento en mi cara. Miré a mi alrededor y me sobrecogió como siempre el hermoso paisaje verde sureño, y pensé “Esta sensación tengo que guardarla” y así fue que recordé lo que hace unos días atrás, había conversado con una paciente, acerca de la posibilidad que tenemos los seres humanos de poder acceder a los recuerdos de lo que hemos vivenciado, como si fueran justamente eso, conservas de una fruta o alimento que querremos disfrutar en otro momento, en el futuro.

Al regresar, cuando la sensación era de subir una cuesta, hablé por teléfono con una tía muy querida, que justamente me llamaba para comentar sobre el tema de las conservas, ya que le había contado sobre esto unos días atrás por audio. Quedó embelesada con la idea de poner en conservas aquellos sensaciones y emociones intensas, para guardarlas para después, para un momento en el que quisiera acceder a ellas. Le hizo todo el sentido, pues lo practicaba, sin haberlo notado conscientemente.

¡Es que tod@s podemos hacerlo!, es fácil si es que aprendes a vivir conscientemente el momento presente. Justamente se trata de eso, puedes guardar una sensación, como el calor del solcito de verano en tu piel, en tu cuerpo, esa luz radiante y enceguecedora, esa sensación de recibir la vitamina D de la gran estrella, ese relajo que te proporciona el calor penetrante en tu piel, esa sensación que tanto se extraña en invierno y que cada cierto tiempo un veranito de San Juan nos recuerda que aún existe, y que está a solo algunas estaciones de distancia. Puedes guardarla, siempre y cuando vivas el presente como si fuera lo único que existe, porque, en definitiva, así es. Y como si eso fuera poco, si comienzas a hacer esto habitualmente, ¡Estarás mucho más consciente de tu abundancia! porque sabrás en ese preciso momento, que tienes un momento abundante y único, ¿Te inspira esa posibilidad?

También podemos guardar emociones y sensaciones de sentirnos amados y compenetrados con otros, un abrazo intenso, una mirada profunda. Podrás conectar con ese sentimiento de amor cuando así lo quieras, basta con conectar conscientemente desde la sensación de tu cuerpo con todo aquello y decidir ponerlo en un lugarcito con la etiqueta que más sentido te haga.
Luego, cuando lo desees, podrás abrirla y volver a sentir esa dicha. Ese regalo
que te dio la vida en ese momento que hoy no está físicamente, pero está en tu
capacidad de recordar e imaginar lo mismo, con lujo de detalles. Con toda
libertad puede acceder a esta sabiduría de atesorar y guardar aquello que en días
de privación puedes extrañar con tanta añoranza. Es que los días pasan y no
todos tenemos la abundancia de nuestras conservas favoritas, y por eso mismo,
así como guardamos la fruta y la conservamos con azúcar para los días de más
frío en el invierno, también podemos guardar el recuerdo de cómo se siente la
lluvia en el techo y la sensación de confort al estar tapad@ en tu cama,
sintiendo como el agua refresca todo afuera ¿Te gusta?

Cuando comenté este concepto a un amigo, me referenció el método Stanislavski, de un pedagogo teatral ruso del siglo pasado; Konstantín Serguéievich Stanislavski. Este, consiste en el mismo precepto antes mencionado; que le permitiría encontrar a los actores estados emocionales auténticos y dejar de depender de la aparición azarosa de los mismos durante sus actuaciones.

Tú puedes generar lo que quieras en tu vida. Yo hoy voy a generarme el recuerdo de mi caminar por un parque nacional entre bosques y tierras recién mojadas. Esta es una de mis conservas preferidas, ¿Y tú, qué conserva te vas a regalar hoy?

Si te gustó comparte. Si quieres mi acompañamiento estaré feliz de conocerte.

Un abrazo muy grande, de esos contenedores y llenos de cariño.

Fran Milos

5 comentarios en “Conservas emocionales”

  1. Genial!!! todo lo escrito me cautiva por el solo hecho de tener mi secreto de sensación guardado en un closet oscuro, que solo yo se cuando prenderé la luz para volverme a encantar.
    Mi conserva la guardo en una bolsita de organza para sentir su aroma cuando necesite, inspiración para seguir viviendo…

  2. Qué buen pensamiento! hacerse más consciente de los que uno vive para disfrutarlo, recordarlo mejor y guardarlo para momentos de necesidad… ni te imaginas lo que disfrute hoy al caminar bajo la lluvia.

    1. Hola, por supuesto que hay algo malo, no solamente en mi, si no en toda la raza humana.
      Es por eso que hace mas de 2.000 años, bajo un ser maravilloso, para reconciliarnos con nuestro CREADOR, su nombre Jesucristo.
      Favor no me tilden de religioso o algo parecido, lo que menos me interesa son precisamente las religiones.
      Te invito a entregar tu vida a aquel que dio su vida por ti, ÉL te está esperando con los brazos abiertos.
      No deseches ese maravilloso regalo.
      DIOS TE BENDIGA.

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