¿Cómo saber si necesito ayuda psicológica?

Personas que nunca han ido al psicólog@, pueden tener dudas acerca de si lo que les pasa “es normal”, si es que deberían intentar resolverse por su cuenta o si les sería útil buscar ayuda de un especialista.

Aunque cada caso es particular, y la psicología no es el único camino, te sugiero solicitar apoyo psicológico cuando lo que te ocurre, te genera un malestar que afecta tu vida cotidiana, por ejemplo: cambios abruptos de ánimo durante el día, interferencia en tus relaciones interpersonales, sensación de incapacidad para realizar tareas o acciones que te has propuesto, emociones intensas que fluctúan de “arriba – abajo” en cortos periodos de tiempo, por mencionar solo algunas.

Cuando, aunque tenemos consciencia de nuestro problema o desafío y percibimos que no estamos avanzando o logrando hacer lo que creemos que deberíamos, es muy importante no dejarlo pasar. Normalmente esta misma consciencia de: “algo me pasa en este plano de mi vida y se sigue repitiendo” te está alertando que generarte una ayuda adicional ayudaría.

¿Cómo asumir que necesito ayuda?

Hay una frase de Einstein que aplica perfecto para estos casos “no puedes resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”. Cuando algo a lo que hace tiempo le das vuelta y sigue perturbando tu vida, es momento de movilizarte para intentar resolverlo con nuevas acciones concretas, que quizás no has considerado hasta el momento.

Las dificultades suelen venir de patrones de comportamiento que para nosotros son invisibles, y en esos casos un psicólogo o psicóloga puede ayudarte a mirar desde otro lugar y entregarte herramientas concretas para apoyar tu camino.

¿Por qué es prioridad tu salud mental y no debes posponerte en ese sentido?

Cuando estamos enfermos de alguna enfermedad física, podemos llegar a sentir un malestar general, una parte de nosotros no está bien, por lo tanto eso puede afligirnos o molestarnos mientras estamos enfermos. Cuando nuestra salud mental no está bien, ya sea por una enfermedad mental un trastorno, una depresión, u otro, ES LO MISMO; nos afecta a todo nivel.

No por estar “mal” psicológicamente significa que estamos enfermos, puede ser un estado alterado que se manifiesta como un malestar psicológico, que viene a ponerse en evidencia en determinadas circunstancias. Por ejemplo, nos puede pasar que, en momentos de alta presión del contexto, o momentos de mucho estrés, podamos sentirnos “sobre pasados” y sobre reaccionar, o alterarnos más de lo “normal”, generando como resultado, una situación, y la sensación posterior de “no era para tanto”; como una pelea, o un conflicto a nivel interpersonal.

En general como indicador, vemos justamente esto “un malestar” en la vida de la persona, que se manifiesta como pensamientos, estados emocionales, sensaciones de angustia, pecho apretado, un umbral bajo para una reactividad emocional alta, entre otros. Y estos, afectarán en las distintas circunstancias de la vida de las personas.

¿Tus síntomas de malestar fluctúan entre estados de malestar y bienestar?

Puede suceder, que tengas días o semanas buenísimas y el manifiesto de este malestar viene solo a veces. O puede ser que no, que esté ahí permanentemente.  En el caso de que el síntoma sea fluctuante, iniciaría evaluando el síntoma ¿Cómo? muy fácil; haz una lista de los días y eventos que gatillan tus estados de malestar, recopila los datos que te parezcan más y menos relevantes, luego podrás evidenciar claramente cuando lo sientes y cuando no.

Tu malestar, en gran parte tiene que ver con las creencias que tienes acerca del síntoma, esas creencias, te puede acercar a la idea de buscar apoyo, pero también te pueden alejar. Por ejemplo, si es que una persona tiene un estado anímico que fluctúa, y piensa que ese síntoma lo heredó de su mamá o papá, puede ser que no intente ir más allá y se quede con eso. En el mismo ejemplo, la persona piensa que su malestar tiene que ver con su relación de pareja, porque le pasa solo con sus parejas, entonces lo aborda con sus amigos externalizando lo que sucede, hablando de los conflictos que tiene con su pareja, porque no lo reconoce como un síntoma personal. Y así, puede haber muchas formas de observar el mismo fenómeno. Yo haría la invitación a mirar la consulta psicológica como una posibilidad de entender el lugar desde dónde estamos mirando el problema, con el fin de buscar alternativas a esa perspectiva. Por otro lado, puede ser que producto de nuestro pasado tengamos la sensación de que tenemos que abordar la situación de “elaborar temas pendientes de la infancia o adolescencia”, esto es muy típico. Sea el caso que sea, entender el patrón y trabajarlo, será efectivo desde la psicoterapia. Con ella vamos a buscar el origen, entenderemos el patrón, corregiremos, y avanzamos.

Muchas veces las personas no toman acción por la incomodidad de salir de la zona de confort. ¿Debemos tratar de reducir la incomodidad?

Yo no trataría de reducir la incomodidad; yo invitaría a atreverte a estar o ponerte incómodo/a. Justamente cuando te incomodas, cuando enfrentas tus propias limitaciones, accedes a un lugar necesario para luego obtener comodidad. El quedarnos en la zona cómoda, va generando rigidez en nosotros y reduciendo espacios donde puedes crecer. No obstante, no hay una sola manera de hacer las cosas, también podemos acceder de a poco.

Ir al psicólog@ a veces puede causar resistencias por el paradigma asociado. Puedes definir un paso a paso, identificar motivo de consulta, seleccionar a psicólogos que te “tinquen”, pedir la hora, probar si la persona te genera la confianza, y de ahí ir soltando, un paso a la vez. No tienes que hacer de una vez todo lo que has evitado hacer por mucho tiempo. Desde ahí el desafío es muy grande. Para todo tipo de desarrollo, lo recomendable es ir de a poco.

¿Te animas?

La primera sesión es cortita y GRATIS

https://encuadrado.com/p/psicologa-francisca-milos

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba
Abrir el chat